domingo, 8 de mayo de 2016

El impacto financiero de una salida del euro.

8 de mayo de 2016.
Ignacio Escañuela Romana.

A menudo se plantea la salida de España del euro. Se interpreta correctamente que el euro es una zona monetaria en la que España no debería estar.

Efectivamente, España no debería haber entrado en esta unión monetaria, porque esto le ha provocado un tremendo shock deflacionario, añadido a los estallidos inmobiliario y financiero. Creo que hay pocas dudas de que España hubiera sufrido una crisis más benigna y corta si hubiera podido contar con una moneda propia.

De hecho, las condiciones de unión monetaria no las cumple el euro. En esto está de acuerdo la literatura científica. Lo que se concreta en que los ciclos económicos de los países miembros no van coordinados. Cuando unos países sufren recesiones, otros se están expandiendo. Haciendo imposible la labor del Banco Central que no puede implementar políticas simultáneas restrictivas y expansivas.

Todo lo anterior se agrava por el consenso en torno a la teoría clásica de un Banco Central cuyo único objetivo declarado es la moderación de la inflación. No tiene que luchar por el pleno empleo, que debería ser un objetivo primario.

España carece de política monetaria. Ha sido el déficit público el que ha salvado del colapso al sistema económico, ya que ha tenido un doble efecto que veo poco reconocido en la opinión pública y en los programas políticos:

- Ha sostenido la demanda efectiva. Siendo el elemento central que ha evitado una catástrofe humanitaria.

- Ha impulsado el tipo de interés real en España al alza, lo que ha atraído capitales exteriores permitiendo a la economía financiarse. 

Lo que nos lleva a concluir necesariamente que es urgente la existencia de instrumentos fiscales europeos que permitan ayudar a equilibrar los ciclos recesivos en algunos países, a partir de transferencias desde los países en expansión.

Dicho esto, plantear la salida del euro en España tiene un grave problema: la posición deudora frente al exterior de España. Veamos los datos de España. Tomemos la posición de inversión internacional neta la final del primer trimestre de 2015, datos del Banco de España. La posición de inversión internacional neta es simplemente activos en inversiones de España en el exterior menos pasivos en inversiones del exterior en España. Aproxima la deuda neta que debe España al exterior en su conjunto.

Esta posición era en junio de 2015 negativa: debíamos neto el 92,5% del PIB. La deuda externa bruta exigible a España ronda el 168% del PIB. A finales de 2015 unos 1.815.216.000.000 euros.

Supongamos que mañana España decide abandonar el euro. Debería ser, por cierto, una decisión inesperada. Como comprobó Grecia, si los mercados e instituciones esperan que vamos a salir del euro, el "corralito" (que los bancos no pueden funcionar y el dinero se queda retenido) es inmediato y prolongado en el tiempo.

No sabemos cuánto se devaluará la moneda nacional recuperada por España, digamos "peseta". Pero sí sabemos, sin ningún lugar a la duda, que se devaluaría fuertemente respecto al euro. Argentina soportó una depreciación superior al 200% cuando eliminó el tipo de cambio fijo entre su moneda y el dólar. Algo así no le pasaría a la peseta, pero es difícil poder prever cuánto se depreciaría. Sospecho que los cálculos que se hacen de un 35% son excesivos a medio plazo. Yo apostaría por un valor entre el 20 y el 25% si la política monetaria fuera sensata. Pero a corto plazo bastante más por la incertidumbre.

Un 25% de incremento significa un salto negativo en la posición de inversión internacional neta, para una España muy endeudada. Más que devolver, justo en un momento en que sería difícil o casi imposible encontrar financiación internacional. Los canales de intercambio monetario, a corto y largo plazo, se secarían.

Depreciarse, además, significa que vendes más barato, pero también que pagas muy mal tus importaciones y pagas también con problemas tu deuda. A lo que se añade la subida inmediata del tipo de interés real, necesario para evitar sucesivas salidas de capital; y la incertidumbre, el riesgo que percibirían los inversores extranjeros durante unos años.

En definitiva, salir del euro podría tener ventajas en tanto aíslas tu política monetaria del impacto de los intercambios exteriores. Puedes recuperar tu política monetaria. Pero nuestra posición internacional es tan negativa, y el impacto tan duro y con tantos riesgos, que mi conclusión ahora mismo es la siguiente:

Primero, el óptimo es actualmente que se modifique la política económica de la zona euro hacia la expansión de la demanda efectiva en casos de recesión. Introducir mecanismos fiscales reequilibradores. A lo que habría que añadir una modificación en los estatutos del BCE que sitúen el pleno empleo como uno de los objetivos de la política monetaria de la zona.

Segundo, si esto no es posible, España podría plantearse la salida del euro, pero dentro de un esquema consensuado y negociado para varios países. Lo ideal sería dejar en funcionamiento mecanismos de cooperación y asistencia, y llevar a efecto políticas conjuntas de cooperación en los tipos de cambio. A lo que se añadiría necesariamente programas de liquidez para afrontar a corto y medio plazo la deuda externa. 

No es fácil. Pero todos saldríamos ganando.

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