lunes, 12 de mayo de 2014

La evolución de los tipos de interés en España: reales, no nominales.

La evolución desde 2002 de los tipos de interés reales.

Ignacio Escañuela Romana.
12 de mayo de 2014.

En los últimos meses el gobierno y  la prensa destacan que los tipos de interés están históricamente bajos. Sin embargo, se centran en los tipos de interés nominales, y no en los reales. Es un grave error.

De otro modo, tales tipos de interés provocarían no sólo la financiación favorable de la deuda pública, sino, sobre todo, las decisiones de inversión: ya que se fundamentan en la diferencia entre los tipos de interés exigidos y los beneficios esperados. A mayor tipo de interés, menores inversiones.

Dejo aparte la polémica sobre la demanda de dinero: que según los keynesianos está influida negativamente por los tipos de interés, y según los monetaristas no.

Gráficamente, se observa que, en efecto, al menos desde 2002, los tipos de interés son ahora mismo inferiores. MIN y EUN son respectivamente el tipo de interés a un año por el que se prestan los bancos entre sí para lograr liquidez, y el famoso Euribor. Se ve que el Euribor se calcula por el interbancario, pues evolucionan simultáneamente. DSN y DPN son tipos de interés de la deuda pública en el mercado secundario (ya ha sido emitida y es objeto de compraventa entre particulares) y en el primario (es ahora mismo objeto de emisión).



Los tipos de interés no son más bajos en el mercado de deuda pública que en anteriores ocasiones, pero sí en el decisivo mercado de préstamos a los consumidores e inversores.

Ahora bien, en primer curso de la carrera de economía se aprende que lo importante (salvo excepciones) no es el tipo de interés nominal, sino el real: el tipo de interés menos la tasa de inflación esperada. Ya que la inflación favorece la devolución de un préstamo que adquirí: devuelvo con una moneda que ahora vale menos debido a la inflación o subida de precios. Lo importante no es el tipo de interés, sino el tipo de interés real que es lo que me cuesta realmente devolver el préstamo una ve he descontado la pérdida de valor de la moneda. (Por cierto, esto es lo que hace especialmente atractiva la inflación para la economía española, que está sobreendeudada y cuya capacidad de devolver las deudas es dudosa o, al menos, muy cara, lastrando el crecimiento y los servicios públicos. Por lo tanto, y pese a que esto suene a herejía para esos economistas clásicos que nos dominan y creen que los mercados se equilibrarán siempre solos: ¡impriman dinero!).

No voy a profundizar en cómo calcular la tasa de inflación esperada. Simplemente, voy a restar a cada tipo de interés la tasa de inflación presente. Lo calculo según la fórmula más compleja, que tiene en cuenta el hecho de que el tipo de interés recae también sobre los precios:

 r = [(1+ i) / (1 + p)] – 1   donde r es tasa interés real, i es la nominal, p es la inflación.

Gráficamente, los tipos deflactados son los siguientes.







Hay que concluir que el tipo de interés real es efectivamente pequeño, acercándose a valores nulos o incluso negativos. Si bien fue algo menor en el segundo trimestre del año 2013 y está globalmente en cantidades similares a 2003, 2004, 2005. Especialmente si utilizamos el deflactor implícito del PIB. Si usamos el IPC obtenemos una tasa más volátil, que evoluciona estacionalmente. Habría que suavizar la serie para evitar ese movimiento estacional.

No sucede igual para la tasa de interés que pagamos por nuestra deuda pública. Se observa que sigue siendo superior al coste exigido antes de 2007, e incluso alrededor del año 2010. Dependiendo del valor de inflación utilizado para deflactar.  Esto nos sigue planteando un grave problema de coste de la deuda, que implica la necesidad, ya señalada, de tener más inflación.

No puede confundirse tasa de interés nominal con real. Más ahora que tenemos una inflación casi nula: