jueves, 10 de abril de 2014

La izquierda debe recuperar su alternativa.



La izquierda debe recuperar su alternativa.

Ignacio Escañuela Romana.

Mediados de 1981, Mitterrand gana las elecciones francesas con una propuesta de política económica keynesiana: aumentar el gasto público y establecer un aumento de los salarios reales para relanzar la demanda y, con ella, la economía francesa sumida en recesión. La política fiscal expansiva se acompañó de una política monetaria inicialmente laxa: tipos de interés consistentemente bajos. Reducción de las horas trabajadas, incremento del salario mínimo, nacionalización de ciertas industrias. Justamente en el mismo período, Alemania ejecutaba una política económica austera: contener las demandas pública y privada para combatir la inflación, con la limitación del aumento en los salarios reales.

No obstante, pronto comenzaron las contradicciones en Francia en torno al programa económico: Los tipos de interés fueron situados en el entorno 13%, dañando la demanda privada de inversiones y consumo.

Y, a pesar de todo ello, y del experimento tan fugaz en el tiempo, podemos debatir el resultado. Los economistas liberales señalan que la inflación subió mientras el gobierno francés devaluaba en un 20% la moneda nacional para mantener su competitividad. Apuntan, incluso, a lo decepcionante del crecimiento generado. Y por esa defensa, en 1983 ¡Mitterrand cambió radicalmente de política! y rechazó el keynesianismo previo: límites al gasto público, política monetaria restrictiva, política de rentas de limitación de los salarios.

Lo más increíble de la apuesta liberal y del hecho de que ha ganado en el terreno de las ideas y se va imponiendo como un pensamiento único que esconde sus raíces ideológicas, es la falsedad en el terreno de los datos. Basta observar el incremento anual del PIB en porcentaje:


La expansión fiscal del primer gobierno de Mitterrand y la elevación de salarios reales impulsó el crecimiento económico decididamente por encima de los Estados Unidos y de la media ponderada de los países industrializados de la OCDE. Mientras la política de austeridad posterior hundió a la economía francesa en un crecimiento claramente inferior hasta 1988. Desgraciadamente el mito se ha impuesto a la realidad.

Éste ha sido el modelo posterior de los sucesivos gobiernos socialdemócratas: avances suaves en políticas sociales, transformación moderada de la estructura normativa para asegurar derechos jurídicos e igualdad, pero no social ni económica, sobre una realidad de políticas económicas neoliberales (“neoclásicas” o “monetaristas”).

Este hecho tiene más importancia en términos de política económica que la caída del muro, y ha hecho mucho más para impedir la aplicación de programas de izquierdas que aquel acontecimiento. Es una experiencia que se ha ido repitiendo innumerables veces. Los ejemplos más recientes son los giros conservadores de programas y partidos socialdemócratas: Schröder impuso en marzo de 1999 la dimisión del ministro de Finanzas Lafontaine. Este político había comenzado atacando las atribuciones del Bundesbank para eliminar la capacidad del naciente Banco Central Europeo de cortar con políticas monetarias restrictivas toda política expansiva y de defensa del pleno empleo. La vuelta a una política monetaria neoliberal fue inmediata, así como la alianza del gobierno con los intereses empresariales. Blair, Obama y Hollande, recientemente, son ejemplos adicionales. Y,  ¿qué decir de Zapatero y su inclusión de la prioridad del pago de la deuda pública en la misma Constitución, por encima de los derechos humanos?. De la misma forma cabe, a pesar de todo, finalmente juzgar la coalición de gobierno de Andalucía, que ha aplicado recortes en servicios públicos.

Es curioso que el último impulso decidido y coherente por la vía del gasto público y su financiación procediera de Reagan y su famoso programa de rearme. “Reagan es hoy keynesiano” fue el título el 24 de marzo de 1983 del Wall Street Journal: aumento del gasto público, descenso de los impuestos, tipos de interés reales bajos, depreciación del dólar. Acudamos nuevamente al gráfico que he incluido: observemos el tremendo empujón del PIB real experimentado por los Estados Unidos entre junio de 1983 y junio de 1987. ¡Por un programa político de la derecha más conservadora!.

Evidentemente, Reagan acompañó la expansión con un programa fiscal de mayores desigualdades, y un programa de gasto nada social. Pero: la derecha es coherente, mientras la izquierda que alcanza el poder no lo es.

Éste es el problema de la izquierda: ha perdido el terreno de la ideas y se encuentra sin alternativas, sin programa real y aplicando políticas de derechas. De ahí procede el desarraigo de los ciudadanos de la política: ¿cómo votar a quien modifica sus propuestas al alcanzar el poder?.

Por lo tanto, es necesaria la construcción de un programa real de gobierno por una izquierda en coalición, que sea coherente en su planteamiento. Lafontaine expuso en una entrevista de 2013 puntos importantes para establecer este proyecto de gobierno realmente de izquierdas, con una política económica diferente:

1. Modificar los estatutos del BCE para que financie directamente a los Estados y tenga como objetivo el pleno empleo.
2.     Que los bancos sean regulados estrictamente.
3.     Que se establezcan impuestos progresivos sobre las grandes fortunas.
4.     Que tengamos una política salarial europea, que impida el dumping social que practica Alemania o cualquier otro Estado miembro.
5.    Que se dé una quita de deuda en la UE, para países cuya crisis compromete los derechos humanos: Grecia sería el primero.
6.       Finalmente, una política de inversiones relevante y europea.

La política consiste en resolver los problemas de los ciudadanos. Urge esta gran coalición de las izquierdas europeas.