martes, 25 de diciembre de 2012

EURO + AUSTERIDAD = CALLEJON SIN SALIDA.

EURO + AUSTERIDAD = CALLEJON SIN SALIDA.

Ignacio Escañuela Romana, 25/12/2012.

Estoy convencido que la causa principal de la crisis económica española es la inflación diferencial continuada, superior a la media de la zona euro, y que nos ha condenado a tener un tremendo déficit por cuenta corriente. Las crisis del mercado inmobiliario, de las entidades bancarias, de la financiación exterior, fiscal, etc., son todos factores secundarios de la recesión que vivimos.

En este sentido, sigo la opinión de un economista tan relevante como Krugman: “La historia básica de la crisis del euro sigue siendo la misma: es básicamente una crisis de la balanza de pagos que se ha interpretado erróneamente como una crisis fiscal, y la pregunta clave es si la devaluación interna es realmente factible” (El País, 10/10/2012).

Desde el principio, se creyó ciegamente en un postulado de los llamados economistas “neoliberales” o monetaristas: que los salarios son perfectamente flexibles a la baja y pueden caer con la rapidez precisa para evitar situaciones de desequilibrio exterior prolongado. Si España y otros habían tenido una expansió nde la demanda interna y una mayor inflación, la solución se encontraba en lograr casi instantáneamente la rebaja de salarios y precios. De esa manera, España recobraría su competitividad perdida. Una de las demostraciones más dramáticas de que esta escuela comete graves errores es la crisis actual en Grecia, Portugal, España, Italia e Irlanda.

Simplemente, los precios y los salarios son rígidos en el tiempo y para hacerlos descender necesitamos una tremenda depresión. Los salarios tienden a caer más rápidamente que los precios originando un problema grave de demanda interior efectiva. Por ello, los procesos modernos de deflación son terriblemente dolorosos: la capacidad de compra de las familias cae, en muchos casos dramáticamente. Y, además, inútiles. A la caída libre actual, que se prolongará en 2013 (no se crean las previsiones oficiales del gobierno español: el PIB seguirá descendiendo a tasas anuales del 1’5%), le seguirá un período de estancamiento. ¿Podrá aguantar la sociedad española?. No.

Y, sí, sigo a Krugman: parece increíble que países como España estén dispuestos a seguir sin reflexión, una y otra vez, una política de austeridad que nos lleva a la debacle. Krugman: “En realidad es como la medicina medieval, cuando los médicos sangraban a los pacientes para tratar sus enfermedades y, cuando la sangría les hacía empeorar, los médicos los sangraban todavía más” (El País, 24/12/2012).

De este modo, los economistas, los políticos y los medios de comunicación españoles que están decidiendo las políticas de austeridad que seguimos, son más aprendices de brujos que científicos o personas responsables de las consecuencias. Al igual que el aprendiz, no dejan de partir una escoba que se multiplica sin cesar. La única solución es redoblar una política que no funciona. La consecuencia: el aumento del paro y la pobreza. Es decir, sufrimiento humano..

¿Cuál es el coste efectivo que tiene España que aceptar por pertenecer a la zona euro?. Ya he afrontado este problema anteriormente. Ahora quiero referirme a un estudio de Stockhammer y Sotiropoulos (http://www.postkeynesian.net/downloads/wpaper/PKWP1206.pdf ) quienes han estimado que el coste de eliminar el déficit por cuenta corriente es simplemente imposible de soportar. Intentan contestar a la siguiente cuestión: ¿cuánto PNB tienen los países como España , Portugal o Italia que perder para lograr que desaparezcan sus déficits por cuenta corriente?. Su respuesta da miedo: entre un 47% de su renta nacional y un 23%. A partir de la posibilidad de que la estimación no sea exacta, sí llegan a  la siguiente conclusión: los costes de reequilibrar la zona euro son enormes, “su cuantía es mayor que las pérdidas de output producidas en la Gran Depresión”. En conclusión, Europa necesita desesperadamente políticas de estímulo de la demanda interna y de creación de inflación.

De manera coincidente, Jonathan Portes, quien fue un alto cargo de responsabilidad económica en el gobierno británico (Chief Economist at the UK Cabinet Office), analiza la actividad económica e incorpora un gráfico que reproduce la tesis de que estamos en Europa en un momento peor que la Gran Depresión:

http://notthetreasuryview.blogspot.com.es/2012/01/recessions-and-recoveries-historical.html

Es evidente que España no puede soportar esta recesión por más tiempo. Tal y como señala Jonathan Portes, los daños provocados con a largo plazo.

Tenemos dos opciones:

Primera. La mejor consiste en que logre que Alemania cambie su política: por una parte, realice una política fiscal agresiva y estimule mediante sus importaciones las economías de España, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda. Por otra parte, introduzca un cambio fundamental en las políticas de la UE y el Banco Central Europeo que concierten políticas fiscales y monetaria expansivas.  Es una opción muy improbable debido a la política de  austeridad de Alemania y sus convicciones antiinflacionistas.

Segunda. La segunda opción, mucho peor que la primera, pero inevitable si no logramos aquélla  (y no creo que España e Italia tengan peso para ello) tiene que empezar a prepararla: salir de la zona euro, recuperar su moneda propia, realizar una fuerte devaluación y hacer una quita radical en su deuda exterior.  Sé que esto provocaría una tremenda caída del PIB a corto plazo, con serios problemas de estabilidad interna. Pero también estoy convencido que produciría una fuerte rebote de la actividad económica a corto/medio plazo. La devaluación de la libra esterlina en 1930/1931 protegió relativamente al Reino Unido de la Gran Depresión.

En definitiva, los costes de seguir en la actual zona euro son demasiado altos y prolongados. No podemos permitir la continuación y agravamiento de los sufrimientos actuales.  La mejor alternativa es provocar cambios en las políticas de la zona euro. La segunda alternativa es precisa, si falla, como hasta ahora, la primera: simplemente salir del euro. No hay otra.