domingo, 8 de abril de 2012

Relación de intercambio: paro versus balanza de pagos. España.

Depresión económica española: crecimiento de paro versus equilibrio en la balanza de pagos.

Ignacio Escañuela Romana.
8/04/2012.


Estos son los datos fundamentales de la depresión económica que asola a España desde 2008:



Una tasa de paro que deja de crecer desde 2007, junto con una tasa de crecimiento del PIB negativa o inapreciable. La enorme tasa de paro de nuestra economía es, sin duda, nuestro rasgo más relevante, condenando a una gran parte de la población al desempleo y la pobreza. Además, la depresión se está acelerando y se prevén nuevamente tasas negativas de aumento del PIB: ¿No es posible hacer nada?.

Para saber si podemos hacer algo, es preciso localizar la causa principal de nuestros problemas actuales. Resulta difícil hacerse una idea clara de cual sea la causa: hundimiento bancario, burbuja inmobiliaria, crecimiento en los precios del petróleo y otros productos básicos, especulación internacional con la deuda pública, ajustes presupuestarios, etc.

En mi opinión, la causa principal de nuestros problemas actuales se encuentra en los límites exteriores al crecimiento económico. Es decir, es el déficit en la balanza de pagos, junto con la incapacidad para financiarlo a un coste razonable, lo que nos impide estimular la demanda agregada. Y es la caída en esta demanda efectiva lo que condena a nuestra renta nacional a la recesión. Pero necesitamos desesperadamente crecer para combatir el paro y la pobreza.

En definitiva, España está inmersa en una recesión económica causada por nuestros intentos desesperados de permanecer en el euro. Todos los ajustes presupuestarios realizados por las Administraciones Públicas, con el objetivo de asegurar la financiación externa, están acelerando la caída en el PIB y el aumento en el paro. Esto se debe a que reducen la demanda agregada justo en el momento en que el consumo y, sobre todo, la inversión están en mínimos.

El problema de base es la persistencia de un diferencial de inflación positivo que hace a nuestros bienes y servicios menos competitivos con respecto a nuestros socios comerciales de la zona euro. Los datos son concluyentes: desde el 31 de diciembre de 1999, con la entrada del euro, los precios al consumo españoles han aumentado un 11’74% más que los de la zona euro en su conjunto, y un 18’02% más que los alemanes. Asimismo, los precios de producción registran también esta pérdida de competitividad: un diferencial del 9’74% respecto a la zona euro, y del 26’70% respecto a Alemania. Y el problema es que los datos muestran como, a pesar de la fuerte recesión de la economía española, el diferencial de inflación no para de aumentar. Por ejemplo, el diferencial de precios de producción respecto al conjunto de la zona euro se ha multiplicado por tres desde 2008. Con estos precios, es imposible que podamos lograr equilibrar nuestras cuentas exteriores.

La política económica española sigue los modelos aplicados por el FMI en los países con crisis del sector exterior. Si reducimos la demanda agregada del país, deprimiendo el gasto público y la inversión, logramos el reequilibrio exterior. El problema es que producimos caída del PIB, paro y pobreza.

La cuestión que quiero contestar aquí es: ¿qué reducción en la renta nacional estamos dispuestos a afrontar para poder asegurar la financiación externa?. En otras palabras, ¿qué nivel de paro y de pobreza vamos a asumir para poder seguir dentro de la zona euro?, ¿qué tasa de paro tiene que admitir España para lograr equilibrar su balanza de pagos?.

Es importante fijar la referencia dentro de la cual se contesta: España pertenece a la zona euro y dentro de ésta predomina la economía alemana. Un rasgo fundamental de la situación es que Alemania sigue una política de reducción de su demanda agregada con el objetivo de crecer exportando. Por lo tanto, Alemania tiene una política económica de empobrecimiento, que impulsa a España a la recesión. Si los países centrales de la zona euro desencadenasen una política muy expansiva, España podría salir, exportando, de sus problemas actuales. Ahora mismo, por la orientación ideológica de los gobiernos, parece prácticamente imposible que suceda.

Utilizando datos anuales desde 1998 a 2011, a continuación coloco a la tasa de paro en el eje de ordenadas (Y) y al saldo de la balanza de pagos por cuenta corriente como % del PIB en el eje de abscisas (X):





Se observa que existe claramente un coste en términos de paro. Es decir, necesitamos aumentar el paro español para aproximarnos a una balanza de pagos equilibrada. He calculado una línea de regresión cuya pendiente es 0.8871: 1 punto porcentual de equilibrio en la balanza por cuenta corriente relativa al PIB cuesta un aumento de 0.8871% en la tasa de paro. Sin embargo, se observa que en los últimos años, debido al diferencial de precios, el coste es mucho mayor. Para los últimos siete años el coste es 2.0159: para reducir en un 1 punto porcentual el déficit en la balanza de pagos por cuenta corriente española precisamos incrementar la tasa de paro en 2.0159%. Para equilibrar completamente la balanza exterior española: ¡necesitaríamos aceptar una tasa de paro de 28.5539%!. Probablemente, con la acumulación de la pérdida en competitividad, el coste sería todavía mayor.

Esto supondría un sufrimiento humano claramente insoportable. Pero ésta es la realidad económica que no deberíamos olvidar.
¿Soluciones?. Tal y como se ha apuntado, la mejor respuesta es un conjunto de políticas económicas expansivas en Alemania, Francia, y el resto de países núcleo de la zona euro. Estas políticas supondrían un tirón de las exportaciones españolas y un lento reequilibrio en los diferenciales de precios.

¿Y si estos países no emprenden dichas políticas expansivas?. Entonces España se va a ver obligada a salir de la zona euro para recuperar una moneda propia. Esto le permitiría dejar fluctuar su moneda libremente. Por lo tanto, podría aislar las políticas monetaria y presupuestaria del exterior y emprender una política de estímulo a la demanda. Al mismo tiempo, tendría que realizar una quita radical en su deuda exterior, declarando que gran parte de ésta no va a ser devuelta. Los países que han experimentado este tipo de situaciones han sufrido una fuerte recesión inicial seguida de la recuperación del crecimiento en menos de un año.

¿Es una política muy extrema?. Sí, pero la situación española requiere la toma de decisiones claras y resueltas. Lo que sí es evidente es que no podemos permitir que las personas sigan sufriendo paro y pobreza.


sábado, 7 de abril de 2012

España: ¿Cómo estimular la economía cuando el gasto público desciende?

En la actual situación, España debería seguir un programa ambicioso de gasto público, con el objetivo de aumentar la demanda efectiva agregada. Sin embargo, está inmersa en una zona euro controlada por la economía alemana. El gobierno alemán persigue una política de restricción de la demanda, a fin de crecer mediante las exportaciones a países como España. Se trata de una política de empobrecer al vecino.

La situación no puede ser peor:  en plena recesión económica seguimos teniendo diferenciales de inflación positivos, y nuestro saldo de la balanza por cuenta corriente sigue siendo negativo a pesar de todo. Por lo tanto, o Alemania modifica esta política, o España sale de la zona euro y tiene que realizar una quita en su deuda. Pero este tema lo dejo para otro artículo.

Lo que aquí me planteo es cómo apoyar a la demanda mientras se reduce la cuantía general del gasto público. La teoría keynesiana ofrece algunos modos por los que es posible estimular la demanda incluso en estas circunstancias. O, al menos, intentar equilibrar el impacto recesivo de la reducción del gasto global, con el impacto positivo de las modificaciones en las políticas presupuestarias.

Veamos las posibilidades:

En primer lugar, es muy importante eliminar los programas de transferencia de renta a las empresas y empresarios y rentistas, para sustituirlos por programas directo de gasto. La razón estriba en que las transferencias de renta a personas de renta media-alta impulsan débilmente la economía, porque una parte del dinero transferido va a ahorros y sale así del circuito económico. Mientras que el gasto público directo empuja con más fuerza a la demanda agregada, ya que no se reduce por ningún ahorro.

Segundo, aunque no podamos, en la presente situación, sostener déficit presupuestarios superiores a una determinada cuantía, sí podemos y debemos expandir el gasto público. Los aumentos equilibrados, con crecimientos en la misma cuantía en los impuestos y los gastos públicos, no sólo mantienen el presupuesto dentro de unos límites de déficit, sino que permiten financiar programas de gasto social e impulsar la economía. El llamado multiplicador del presupuesto equilibrado asegura que al detraer algunos recursos del ahorro y dedicarlos al gasto, la consecuencia global es una expansión de la demanda agregada y, por lo tanto, de la economía.

Tercero, cuando aumentemos los impuestos, debemos centrarnos en aquellos que recaen en las rentas más altas. Más allá de consideraciones de justicia social, este programa consigue estimular la economía al restar renta precisamente de aquellas personas que tienen un ahorro más alto por tener mayor capacidad adquisitiva. Cualquier transferencia de rentas desde personas de renta alta a personas de renta baja provoca un crecimiento del consumo y, en consecuencia, de la demanda agregada.

Finalmente, es preciso añadir una reflexión. La inversión pública debe centrarse en los sectores que puedan generar en el largo plazo un mayor crecimiento económico y mayores beneficios sociales. En este sentido, el mejor criterio disponible es el del crecimiento de la demanda mundial en los últimos años. Por ello, los esfuerzos de inversión pública directa deben centrarse en el sector fabril: maquinaria, ordenadores, equipos pesados, bienes de equipo, componentes eléctricos e hidráulicos, transporte pesado, etc. Son estos sectores los que están impulsando a la economía norteamericana. 

Estimar en una simulación el impacto global de estas políticas será el objeto de otro artículo.  

Volver al keynesianismo.

Para entender la teoría económica keynesiana es preciso volver al pensamiento de James Tobin y otros clásicos del keynesianismo. Recomiendo el siguiente artículo: "An Old Keynesian Counterattacks":

http://cowles.econ.yale.edu/P/cd/d10a/d1042.pdf

El problema consiste en que no necesitamos que los precios sean rígidos para que las políticas keynesianas funcionen, sino que basta con que el ajuste en precios tenga retrasos y rigideces temporales. Porque la base de los neoclásicos y monetaristas es que el ajuste en precios es automático y completo, lo que es claramente irreal.